Jesús Buen Pastor nos llama a vivir en unión con Él y a continuar su misión redentora en la Iglesia. Para este fin, Dios nos consagró a través del don de su amor, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Esta consagración está profundamente enraizada en nuestro bautismo. Como Hermanas Contemplativas expresamos nuestra respuesta en comunidad, a través de la oración, del amor fraterno, de los consejos evangélicos y del voto de celo.
Al apartarnos para una vida escondida en Dios, buscamos ser instrumentos de reconciliación, a través de la oración, la penitencia, la soledad y el silencio.
La clausura es expresión de nuestra atención exclusiva al Señor y de nuestra total consagración a la oración. Ella nos ayuda a entrar en la soledad y el silencio tan necesarios a nuestra vocación.